¿De donde viene el lema "Que viva la pepa"? Ante esta pregunta la clase enmudeció. Ella aguardaba a que alguien respondiera, dándole tiempo al segundo para sentirse por un día primero, pero en su interior el fuego de la respuesta subía por el estómago y le quemaba la garganta hasta que no pudo contenerlo en su interior y abrió la boca, y como soplo de un malabarista de circo, las palabras salieron "Es debido a la Constitución promulgada en las Cortes de Cádiz en 1812".
El resto de la clase contemplo esa escena con la normalidad habitual de quien responde todas las preguntas que lanza la profesora, es algo rutinario que no merece la menor atención puesto que ya se está preparado para ello, esa chica alta de pelo castaño y ojos verdes, de cara redonda y con pecas en la nariz pequeña y de sonrisa prominente es la que lleva respondiendo a las preguntas toda la vida, por eso es la empollona de la clase.
Pero Anna no se siente cómoda en su papel, no le gusta que la tachen de empollona y esa etiqueta no esta dispuesta a comprarla, por eso intenta infructuosamente no responder a todo, no saber de todos los temas y hacerse la tonta, dar tiempo a que el resto conteste mientras ella ya ha buscado, repetido y deletreado la solución al enigma. Y parece que el método funciona, ha pasado de ser la empollona a ser la lista de la clase, a tener amigos que no solo se aprovechan de su sabiduría sino que la comparten e intentan extrapolar la suya propia. Y así dando ventaja al resto como si algún día se la fueran a dar a ella, va creciendo nuestra protagonista. Avanza en la vida sin ostentar, haciendo lo que quiere, que no todo lo que es capaz.
A sus dieciocho años Anna ya sabe que quiere ser profesora de Historia, para esto ha estado leyendo infinidad de libros a lo largo de su corta existencia, ha aprendido latín, además de inglés y perfeccionado su catalán sin olvidar su lengua materna, es en este punto cuando le entran las ganas de aprender Alemán, necesita saber la lengua germana para leer los textos de Kant sin necesidad de traducción, para su comprensión en mayor grado. Ahora se sigue esperando a que otros contesten por ella aunque ya no le da tiempo de repetir la respuesta, tan sólo de pensarla, de tanto relajarse ha perdido facultades, ya no es especial ni excelente ahora tan solo es normal y notable.
A medida que avanza en la universidad su nivel de alemán va creciendo, empezando por el abecedario, siguiendo por la gramática, y acabando por la fonética. Es una chica alegre, curiosa, extrovertida, muy ocupada, sin embargo no descuida su vestimenta, ese estilo alternativo y de moda que tanto le gusta. Va ataviada con sus mallas negras por debajo de un vestido corto de color gris, mallas por supuesto a juego con el bolso del mismo color, ahora en cambio su pelo ha dejado de ser castaño para pasar a tener mechas rubias con animo de algún día convertirse en moreno completamente, es lo que tiene estar a la moda, que o te renuevas o caducas.
Su facilidad de comunicación era para tener en cuenta, pero algo fallaba en su cerebro, cuando hablaba con los amigos se le olvidaban palabras en un idioma y solo sabia decirlas en otro. Lo mismo hablaba en castellano y se le olvida como se decía botiga, que hablaba en ingles y su mente era incapaz de acordarse como se decía fight, y cuando quería ser amable decía danke. Su cerebro no daba para más, no había crecido todo lo que podía, ella le había hecho ser como la media, como los demás para no destacar, era incapaz de almacenar tanta información, era mediocre, tenia una disco duro limitado y ya estaba lleno, ahora si quería introducir un dato nuevo tendría que borrar un archivo anterior. No había espacio para mas.
lunes, 12 de julio de 2010
viernes, 5 de marzo de 2010
Amargo olfato
Los hielos de su refresco se derretían formando una especie de charco alrededor de su vaso. Hacía un calor asfixiante para estar solamente a principios de verano, el trajinar de la gente arriba y abajo no había cesado en todo el tiempo que llevaban sentados en la terraza, a su alrededor las otras mesas llenas conformaban el paisaje característico de aquella zona, en cambio para él no había nadie a su alrededor. Ni siquiera ella. No había parado de hablar en todo el tiempo, sin embargo su voz entraba en su cabeza de manera anodina y rutinaria, era un simple murmullo, un conjunto de sonidos inefables que le habían acompañado durante las horas de siesta y que hacían más fácil el conseguir conciliar el sueño, aunque estuvieran en un lugar público.
Su cabeza asentía impasible con un movimiento rutinario de detrás hacia delante. No sabía de que estaban hablando, apenas oía, mucho menos escuchaba, la única retro alimentación que había era la que salía de coger la última frase de cada párrafo que le soltaba y a partir de ahí conseguir hacer una pregunta más o menos interesante y filosófica, que le permitiese corroborar que estaba atento a lo que su compañera le iba explicando y que a la vez le diera cuerda para poder seguir hablando sin necesidad de mas interlocución que el consiguiente movimiento pendular de su cabeza.
El hielo seguía impasible su camino hacia su estado líquido cuando de repente un olor se introdujo por su nariz atravesándola de inicio a fin e incrustándose directamente en su corazón, en su estomago, sin pasar por el cerebro ni ningún otro órgano mayor. Era un fragancia reconocible para su sentido, olvidada para su cerebro y dolorosa para su corazón. En un segundo se trasladó dos semanas atrás y pudo visualizarla. Rubia, ojos azules, pelo corto, tenía la teoría de que únicamente a las chicas guapas de verdad les quedaba bien el pelo corto, camiseta negra debajo del vestido corto verde turquesa, zapatos de tacón. Sin anillos, con reloj y pulsera a juego con el colgante de oro blanco, cinturón a juego con los zapatos, ambos negros. Había sido un fin de semana fuera por trabajo y se había topado con ella, tan solo se le acercó para preguntarle si tenía fuego y eso fue suficiente para comprobar que la atracción sexual se notaba de aquí a Lima.
Cerró los ojos para lograr que el perfume permaneciese unos segundos más en el ambiente, para lograr cogerlo entre sus manos y bailar con el un vals. Pero al abrir los ojos la cotorra seguía allí, sin callar en todo el tiempo, aún se preguntaba como podía seguir al lado de ella si le había quitado todo lo que le gustaba. Le había alejado de sus amigos, ya apenas salía con ellos, no hacía otro oficio que estar con ella, únicamente estaba ella en su vida, programándolo todo sin dejar margen a la improvisación, esa que él tanto detestaba, sin dejar que él opinase, ya que no tenía personalidad, ella decidiría por los dos. Sus celos no le permitían poder llevar una relación cordial con antiguas compañeras de cama y su inseguridad no le dejaban hacer nada de lo que tanto deseaba. Por eso ese fin de semana no la había echado de menos, por eso la maldecía por no dejarle marchar.
Pero a quien pretendía engañar, esos no eran argumentos, eran falacias. Era tan cobarde, tan ruin, que era mucho más fácil echarle las culpas de todo a ella. Si no veía a sus amigos o no salía con ellos era porque el tampoco ponía mucho de su parte, le daba igual, ya estaba bien así, ella no se lo impedía. Igual que iba a jugar a baloncesto podía ir de fiesta. Pero le gustaba esa situación, ese papel, sino lógicamente no lo haría, no habría aguantado tanto esa situación. Le encantaba eso de tener novia y llevar una doble vida aparentar ser el mejor novio y quedar con sus ex a hurtadillas y chatear con ellas por Internet, y explicarles su malestar y prometerlas que por ellas cambiaría.
Era un alma libre, que ya estaba acomodado a esa situación se sentía como pez en el agua, estaba hecho para estar en pareja y le daba una pereza terrible tener que empezar de nuevo, su conformismo era mayor que su deseo y su falta de ambición hacia el resto.
Era increíble como simplemente gracias a una fragancia podían agolparse en su mente tantos recuerdos en teoría olvidados y provocarte aquel revuelto de sentimientos, unos agradables, otros tristes, melancolía, deseo, nostalgia, rabia e impotencia. Solo tenia una salida, una solución para salir de este callejón sin salida, y era el momento oportuno, había una tomado una decisión. Cariño, ¿vamos a dar un paseo?
Su cabeza asentía impasible con un movimiento rutinario de detrás hacia delante. No sabía de que estaban hablando, apenas oía, mucho menos escuchaba, la única retro alimentación que había era la que salía de coger la última frase de cada párrafo que le soltaba y a partir de ahí conseguir hacer una pregunta más o menos interesante y filosófica, que le permitiese corroborar que estaba atento a lo que su compañera le iba explicando y que a la vez le diera cuerda para poder seguir hablando sin necesidad de mas interlocución que el consiguiente movimiento pendular de su cabeza.
El hielo seguía impasible su camino hacia su estado líquido cuando de repente un olor se introdujo por su nariz atravesándola de inicio a fin e incrustándose directamente en su corazón, en su estomago, sin pasar por el cerebro ni ningún otro órgano mayor. Era un fragancia reconocible para su sentido, olvidada para su cerebro y dolorosa para su corazón. En un segundo se trasladó dos semanas atrás y pudo visualizarla. Rubia, ojos azules, pelo corto, tenía la teoría de que únicamente a las chicas guapas de verdad les quedaba bien el pelo corto, camiseta negra debajo del vestido corto verde turquesa, zapatos de tacón. Sin anillos, con reloj y pulsera a juego con el colgante de oro blanco, cinturón a juego con los zapatos, ambos negros. Había sido un fin de semana fuera por trabajo y se había topado con ella, tan solo se le acercó para preguntarle si tenía fuego y eso fue suficiente para comprobar que la atracción sexual se notaba de aquí a Lima.
Cerró los ojos para lograr que el perfume permaneciese unos segundos más en el ambiente, para lograr cogerlo entre sus manos y bailar con el un vals. Pero al abrir los ojos la cotorra seguía allí, sin callar en todo el tiempo, aún se preguntaba como podía seguir al lado de ella si le había quitado todo lo que le gustaba. Le había alejado de sus amigos, ya apenas salía con ellos, no hacía otro oficio que estar con ella, únicamente estaba ella en su vida, programándolo todo sin dejar margen a la improvisación, esa que él tanto detestaba, sin dejar que él opinase, ya que no tenía personalidad, ella decidiría por los dos. Sus celos no le permitían poder llevar una relación cordial con antiguas compañeras de cama y su inseguridad no le dejaban hacer nada de lo que tanto deseaba. Por eso ese fin de semana no la había echado de menos, por eso la maldecía por no dejarle marchar.
Pero a quien pretendía engañar, esos no eran argumentos, eran falacias. Era tan cobarde, tan ruin, que era mucho más fácil echarle las culpas de todo a ella. Si no veía a sus amigos o no salía con ellos era porque el tampoco ponía mucho de su parte, le daba igual, ya estaba bien así, ella no se lo impedía. Igual que iba a jugar a baloncesto podía ir de fiesta. Pero le gustaba esa situación, ese papel, sino lógicamente no lo haría, no habría aguantado tanto esa situación. Le encantaba eso de tener novia y llevar una doble vida aparentar ser el mejor novio y quedar con sus ex a hurtadillas y chatear con ellas por Internet, y explicarles su malestar y prometerlas que por ellas cambiaría.
Era un alma libre, que ya estaba acomodado a esa situación se sentía como pez en el agua, estaba hecho para estar en pareja y le daba una pereza terrible tener que empezar de nuevo, su conformismo era mayor que su deseo y su falta de ambición hacia el resto.
Era increíble como simplemente gracias a una fragancia podían agolparse en su mente tantos recuerdos en teoría olvidados y provocarte aquel revuelto de sentimientos, unos agradables, otros tristes, melancolía, deseo, nostalgia, rabia e impotencia. Solo tenia una salida, una solución para salir de este callejón sin salida, y era el momento oportuno, había una tomado una decisión. Cariño, ¿vamos a dar un paseo?
Suscribirse a:
Entradas (Atom)