"La vida es sueño" Pero los sueños no sé a que categoría o ámbito pertenecen. Tal vez sean sólo simples recreaciones que realiza nuestra mente mientras dormimos, quizás sean una vía de escape a los problemas que nos acechan cada día, o puede ser un lugar en el que disfrutemos de nuestras pasiones más ocultas o donde nos encontremos con nuestros miedos más atroces.
El hecho es que los sueños nos permiten vivir una realidad paralela a la nuestra, con ingredientes sacados de la cocina de nuestras vidas. El primer sueño siempre suele tener que ver con el último pensamiento que hemos tenido justo antes de dormirnos, sobre ese instante en el que se nos ha pasado por la cabeza un coche, una chica, un deseo...girará la trama de nuestro primer corto. Es más, puede ser que todos los pensamientos tenidos antes de dormirnos vayan trufando los sueños que nos aguardan en la noche.
Aunque lo más fascinante es cuando el sueño se convierte en vida, cuando por arte de magia una noche sueñas con alguien que creías borrado de tu memoria, fuera de tu vida. Pero el sueño le devuelve a la más rabiosa actualidad y te muestra tus verdaderos sentimientos, te muestra el amor, el odio, la añoranza, el deseo...Es como si el consciente nublara tus ideas para no hacerte daño y por la noche, en sueños, te mostrara la realidad de lo que sientes, cuando no puedes manipular tu cerebro, el te muestra lo que tienes que ver, no lo que quieres que vean.
Y es en esa situación, cuando se hace más difícil que nunca dirimir entre sueños y vida, donde acaba un termino para empezar otro, o si es imposible desligar uno del otro. Gracias a este tipo de sueños puedes tomar decisiones que habías postergado y lo que es más importante, te aporta sensaciones que creías olvidadas, sensaciones que permanecen al levantarte y que a lo largo del día se van evaporando como lo hace el recuerdo del sueño, un sueño que si te aferras a él podrás mantenerlo vivo en tu memoria. Pero no hay de que preocuparse, llegará la noche y volverás a vivir, porque los sueños, vida son.
domingo, 18 de enero de 2009
martes, 16 de diciembre de 2008
Que dios te bendiga
"Dejad que las mascotas se acerquen a mí" Pronunció esta frase en lo alto de una loma ante los ojos expectantes de miles de fieles y fue entonces cuando tomó conciencia de que era el mesías de una nueva religión, la del mascotismo.
Una religión que tenía como evangelistas indirectos a las mujeres que habían pasado ante sus ojos o habían llegado a sus odios. Y es que uno puede formar opinión en base a su experiencia pasada, a la experiencia pasada de otros o en función de lo aguda que sea su intuición, la del mesías era excelente, no obstante se resfriaba en ocasiones y la intuición se le atrofiaba.
Unas evangelistas le habían dicho que acababan de salir de la secta de un sacerdote que no les convenía, que después de mucho tiempo se habían dado cuenta que no era como pregonaba ser y que en ese momento no querían iniciarse en ninguna nueva religión, que les bastaba con asistir regularmente a los pregones, tomar la eucaristía, confesar los pecados y hacer propósito de enmienda, pero que les daba pavor el bautismo.
Otras evangelistas, en cambio, adulaban al mesías con palabras bonitas y gestos copiosos, buscando la aprobación, la absolución de sus pecados y la condescendencia en sus actos. Obtuvieron la condescendencia y gozaron con su satisfacción otorgándole al hombre la categoría de cielo, era tan buena persona, tan amable, atento, sereno y cariñoso, que les parecía un cielo.
Pero las evangelistas mienten, un día están contigo y al día siguiente te enteras que ya quieren a otro Dios, que ya adoran a otra religión, justo ellas que habían dicho que no querían empezar ninguna iniciación en cualquier fe, puesto que estaban cansadas de la última secta de la que habían salido, se adhieren a la primera creencia que encuentran en la esquina ajena a la tuya.
En aquel punto de abandono de la fe, el mesías, anteriormente conocido como cielo, se subió a la loma y pronuncio el discurso de fundación de la Iglesia del mascotismo. Una Iglesia basada en el amor fraternal entre hombres y mujeres, un celibato casto y puro de sus fieles masculinos, y con un mandamiento único, debes poner el hombro para que ellas lloren, para que nosotros nos llevemos las penas y el diablo, la gloria.
Una religión que tenía como evangelistas indirectos a las mujeres que habían pasado ante sus ojos o habían llegado a sus odios. Y es que uno puede formar opinión en base a su experiencia pasada, a la experiencia pasada de otros o en función de lo aguda que sea su intuición, la del mesías era excelente, no obstante se resfriaba en ocasiones y la intuición se le atrofiaba.
Unas evangelistas le habían dicho que acababan de salir de la secta de un sacerdote que no les convenía, que después de mucho tiempo se habían dado cuenta que no era como pregonaba ser y que en ese momento no querían iniciarse en ninguna nueva religión, que les bastaba con asistir regularmente a los pregones, tomar la eucaristía, confesar los pecados y hacer propósito de enmienda, pero que les daba pavor el bautismo.
Otras evangelistas, en cambio, adulaban al mesías con palabras bonitas y gestos copiosos, buscando la aprobación, la absolución de sus pecados y la condescendencia en sus actos. Obtuvieron la condescendencia y gozaron con su satisfacción otorgándole al hombre la categoría de cielo, era tan buena persona, tan amable, atento, sereno y cariñoso, que les parecía un cielo.
Pero las evangelistas mienten, un día están contigo y al día siguiente te enteras que ya quieren a otro Dios, que ya adoran a otra religión, justo ellas que habían dicho que no querían empezar ninguna iniciación en cualquier fe, puesto que estaban cansadas de la última secta de la que habían salido, se adhieren a la primera creencia que encuentran en la esquina ajena a la tuya.
En aquel punto de abandono de la fe, el mesías, anteriormente conocido como cielo, se subió a la loma y pronuncio el discurso de fundación de la Iglesia del mascotismo. Una Iglesia basada en el amor fraternal entre hombres y mujeres, un celibato casto y puro de sus fieles masculinos, y con un mandamiento único, debes poner el hombro para que ellas lloren, para que nosotros nos llevemos las penas y el diablo, la gloria.
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